El robo de prendas de vestir se transformó en una preocupación individual y social a inicios del siglo XX. La gacetilla policial informaba a diario, con humor e importantes grados de alerta, sobre el hurto de vestimentas a transeúntes acaudalados y populares, además de registrar que el ilícito se cometía en casas particulares, tiendas comerciales y habitaciones de conventillo. A partir de la revisión de prensa periódica, sostengo que el robo de vestimentas fue un fenómeno que afectó a las distintas clases sociales debido a las facilidades de su comercialización y reducción, además de ilustrar las inquietudes sobre las simulaciones de clase e identidad en una ciudad en pleno proceso de expansión y crecimiento demográfico. Desde las perspectivas de la cultura material, el articulo problematiza la masividad y transversalidad de este delito, interrogándose sobre las prácticas de consumo y las dimensiones de la vida cotidiana que ilumina.